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Todas
estas cargas eléctricas, presentes en todas las
células y en todos los órganos, generan campos
magnéticos. La razón es sencilla: según la física
básica, toda carga eléctrica en movimiento genera un
campo electromagnético. No puede existir una célula
con electricidad y sin un campo asociado;
simplemente, esto es algo imposible según las leyes
de la física.
Estos
campos electromagnéticos parece que tienen más
influencia de lo que se ha querido ver hasta ahora.
No sólo existen, sino que parecen formar una primera
barrera de protección en torno a la célula, un
verdadero campo de fuerza que mantiene a la célula
protegida de muchas agresiones externas que tienen
una carga energética muy leve.
Otro gran
campo electromagnético, el de La Tierra, mantiene
protegida a la vida sobre el Planeta, evitando que
nos alcancen numerosas radiaciones dañinas
procedentes del sol y del espacio exterior. Sin el
campo magnético de La Tierra la vida sería
imposible, simplemente no existiría.
Los
campos electromagnéticos protectores que tienen cada
célula y cada órgano se agrupan en un campo mayor
asociado a cada ser vivo. Este campo magnético puede
ser percibido por algunos seres sensibles o
entrenados para ello (mediante el yoga, meditación y
otras técnicas.
Pero lo
que poca gente imagina es que nuestro cuerpo
magnético también puede conectarse no sólo con seres
vivos y con ciertos lugares, sino con la misma
Tierra en su totalidad. ¿Es esto posible?. Según
explica el profesor Dr. José Luís Bardasano,
director del Departamento de Especialidades Médicas
de la Universidad de Alcalá de Henares, presidente
de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y
Salud y autor del libro Bioelectromagnetismo,
Ciencia y Salud (Ed. McGraw-Hill): “cuando nos
dormimos, la frecuencia de nuestro organismo baja a
8 ciclos por segundo; pero lo que poca gente sabe es
que el campo magnético de la Tierra vibra
exactamente a 8 ciclos por segundo.
Es decir,
parece obvio que cuando dormimos nos sincronizamos
con el campo magnético de la Tierra”. De esta forma
se permite que nuestro campo se limpie de anomalías,
interferencias energéticas y de alteraciones en la
fuerza del campo (causadas por nuestra propia
actividad mental, emocional y física, por la
interrelación con otros campos de energía, el
estrés, etc.).
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